Diario de taller
Esta guitarra de Pablo del Hierro, construida en 1856, llegó al taller completamente colapsada.
El propietario la conservaba en una habitación preparada para mantener una humedad y una temperatura constantes. Durante un viaje, el sistema dejó de funcionar correctamente y el ambiente acumuló una cantidad de humedad extrema.
La cola animal se reblandeció y, con las cuerdas todavía en tensión, la guitarra cedió.
La tapa se deformó hacia arriba, los aros se despegaron, las uniones se abrieron y buena parte de la estructura quedó fuera de su sitio. Lo sorprendente es que la madera se dobló sin partirse.
Había que desmontarla entera y reconstruirla aprovechando todo lo que todavía podía conservarse.
Una guitarra completamente desmontada
La tapa estaba despegada de los bordes y muy deformada alrededor de la boca. Los aros también se habían separado y la caja había perdido su forma.
Fui desmontando el instrumento para poder limpiar las uniones, enderezar las piezas y recuperar la geometría original.
La tapa pudo volver a su posición sin estar quebrada. Después de una deformación tan grande, que la madera conservara esa capacidad de recuperación fue una de las particularidades más llamativas del trabajo.
Los fileteados de la boca se habían salido de su asiento. Volver a colocarlos fue especialmente difícil porque eran maderas con más de siglo y medio de secado, muy rígidas y con poca tolerancia a cualquier movimiento.
Tuve que separarlos y llevarlos de nuevo a su posición poco a poco, sin forzarlos.
Recuperar las piezas originales
La guitarra había pasado por varias restauraciones anteriores.
En el interior había numerosos refuerzos de tela encolados con cola animal. Este sistema se había utilizado para consolidar las uniones, pero la acumulación de capas terminaba afectando al funcionamiento de la caja.
Retiré esos añadidos y conservé las piezas originales siempre que fue posible.
Algunos refuerzos interiores habían desaparecido y tuvieron que reponerse. Para ello utilicé madera antigua y preparé las nuevas piezas con una pátina ligera antes de colocarlas, evitando que destacaran de manera innecesaria dentro del instrumento.
Las faltas se restituyeron únicamente allí donde podía verse con claridad que había existido una pieza anterior.
Aros y fondo construidos en varias piezas
Los aros están construidos en dos piezas, unidos longitudinalmente mediante una tira decorativa. El fondo también está formado por varias secciones.
Hoy es fácil interpretar estas soluciones como algo extraño, pero en 1856 el acceso a la madera era muy diferente. No existía la posibilidad de elegir inmediatamente un juego completo con las medidas necesarias.
Se trabajaba con el material disponible y se aprovechaban piezas procedentes de otros trabajos de carpintería.
En este caso, esa limitación dio lugar a una guitarra con una construcción muy particular y un trabajo decorativo que integra las distintas piezas en el diseño general del instrumento.
Las uniones interiores conservaban una especie de tira rígida, similar a un cartón, muy deteriorada por el tiempo. La retiré y preparé un pequeño laminado de chapa de madera: una capa siguiendo la veta y otra a contraveta para estabilizar la junta.
Desde el interior se mantiene la lectura longitudinal de la madera, aunque el refuerzo queda estructurado como un laminado.
¿Amaranto en fondo y aros?
La tapa es de pino. En cuanto al fondo y los aros, considero que podrían estar construidos en amaranto, aunque no puedo afirmarlo con total seguridad.
La mayor parte de la madera había cambiado de tonalidad por la oxidación y por el paso del tiempo. Sin embargo, debajo de la etiqueta y en algunas zonas protegidas todavía aparecía un color violáceo que recordaba claramente a esta especie.
Los aros tenían alrededor de 1,2 o 1,3 milímetros de grosor. Eran extremadamente finos, así que no había margen para lijar o limpiar más de lo imprescindible.
La identificación del amaranto se basa en esas zonas donde la madera conservaba mejor su tono original.
Reconstrucción de los fileteados y el acabado
Después de montar nuevamente la caja, la guitarra se acabó con goma laca. En este caso no quedaba prácticamente ningún vestigio del barniz original que pudiera conservarse: el colapso y las restauraciones anteriores habían obligado a intervenir sobre todo el conjunto.
Una restauración de cuatro meses
La guitarra permaneció en el taller alrededor de cuatro meses.
No era un trabajo que pudiera resolverse de forma continuada. Había que limpiar una zona, pegarla, esperar al día siguiente y volver a comenzar con la siguiente unión.
Casi todas las juntas necesitaban atención. El ritmo lo marcaban la cola animal, el secado y la necesidad de no forzar piezas que llevaban más de ciento cincuenta años en el instrumento.
Una vez montada, coloqué nuevamente el diapasón y el puente. La guitarra recuperó buena parte de su estructura original y mostró una afinación muy buena.
El resultado fue un instrumento con un sonido dulce y un carácter próximo a la guitarra romántica, aunque con una forma ya cercana a la guitarra española moderna.
El reencuentro con su propietario
Después de cuatro meses de trabajo, la guitarra volvió a manos de su propietario. El momento en que abre el estuche permite comprender el valor de recuperar un instrumento que parecía perdido.
La entrega del instrumento después de su reconstrucción completa.
Características de la Pablo del Hierro de 1856
La etiqueta sitúa a Pablo del Hierro en Tortosa, aunque se conoce muy poca información sobre el constructor.
- Constructor
- Pablo del Hierro
- Año
- 1856
- Procedencia indicada
- Tortosa
- Tapa
- Pino
- Fondo y aros
- Posiblemente amaranto
- Escala
- 640 mm
- Diapasón
- Ébano
- Acabado
- Goma laca
- Profundidad de caja
- Aproximadamente 11 cm en la culata
- Construcción de la caja
- Aros en dos piezas y fondo en varias secciones
Existen únicamente dos guitarras conocidas de este constructor, ambas propiedad del mismo coleccionista argentino.
La guitarra vuelve a sonar
Después de la restauración, la guitarra volvió a manos de su propietario. Estas grabaciones permiten escuchar su sonido dulce y equilibrado, acorde con la época y las proporciones del instrumento.
Interpretación con la guitarra Pablo del Hierro de 1856 después de su restauración.
Otra interpretación que permite escuchar el carácter de la guitarra restaurada.
Esta restauración exigió desmontar por completo una guitarra que había perdido casi todas sus uniones, aunque apenas había roto piezas.
La humedad había reblandecido la cola y la tensión de las cuerdas deformó toda la caja. El trabajo consistió en recuperar cada parte, eliminar añadidos anteriores, reintegrar las faltas y volver a montar el instrumento con la mayor cantidad posible de material original.
Después de cuatro meses, la guitarra recuperó su forma, su afinación y su capacidad de volver a sonar.